{"id":225,"date":"2018-07-02T01:32:42","date_gmt":"2018-07-02T01:32:42","guid":{"rendered":"https:\/\/edisonotero.cl\/?p=225"},"modified":"2020-05-25T03:06:20","modified_gmt":"2020-05-25T03:06:20","slug":"tetraplejico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/edisonotero.cl\/?p=225","title":{"rendered":"Tetrapl\u00e9jico"},"content":{"rendered":"\n<p>Desp\u00faes de Albert Einstein (1879-1955), el f\u00edsico alem\u00e1n de origen jud\u00edo, s\u00f3lo&nbsp;<strong>Stephen Hawking<\/strong>&nbsp;(1942-2018) logr\u00f3 ir m\u00e1s all\u00e1 de los gruesos ventanales que separan los \u00e1mbitos acad\u00e9micos y los pasillos de la ciencia, hasta alcanzar la imaginaci\u00f3n colectiva. Seguramente, un profundo y sincero sentimiento de compasi\u00f3n hizo vibrar a much\u00edsima gente en todos los rincones del planeta. No hab\u00eda modo de iniciar un acercamiento a una figura tan brillante y soslayar el hecho brutal de su condici\u00f3n f\u00edsica, la apariencia de un cuerpo tan desmedrado. Tal vez por eso mismo, al verlo en secuencias de televisi\u00f3n, las personas experimentaban la paradoja de lamentar su perversa enfermedad y, al mismo tiempo, enterarse que de esa anatom\u00eda tan deforme y carencial surg\u00eda una inteligencia sobresaliente, alguien que no deseaba menos que enfrentarse sin rodeos a los m\u00e1s profundos misterios del universo f\u00edsico.<\/p>\n\n\n\n<p>Como cabe suponerlo sin \u00e1nimo de superioridad o de subestimaci\u00f3n, as\u00ed como en el caso de Albert Einstein, la abrumadora mayor\u00eda de sus admiradores no expertos no estuvo \u2013ni est\u00e1- en condiciones de avanzar siquiera un par de pasos en las honduras especulativas por las que deambul\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Quienes reconocen masivamente en Hawking a una figura muy por encima del promedio de los mortales, no est\u00e1n \u2013ni estar\u00e1n, con alta probabilidad\u2013 en condiciones de enhebrar un par de palabras para transmitir las ideas que este cient\u00edfico elabor\u00f3 y los debates en los que se enfrent\u00f3 a sus colegas. Lo mismo que ocurri\u00f3 con Einstein: \u00bfcu\u00e1ntos no expertos podr\u00edan discurrir algunos razonamientos b\u00e1sicos para comunicar los conceptos centrales de la teor\u00eda especial de la relatividad? Probablemente, lo que se manifiesta aqu\u00ed es la condici\u00f3n paradojal de la ciencia en la mente de las personas no cient\u00edficas, una mezcla de imposibilidad de hacerse cargo de las ideas mismas, y de fascinaci\u00f3n por los conocimientos que se generan en esta extra\u00f1a actividad y que -vaya iron\u00eda- tienen profundas consecuencias en la vida cotidiana de cada quien.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta conveniente, por tanto, enfrentar el hecho b\u00e1sico: Stephen Hawking fue un cient\u00edfico. Si su limitad\u00edsima condici\u00f3n f\u00edsica lo enfrent\u00f3 a obst\u00e1culos indecibles, hay que decir que tampoco esa condici\u00f3n fue capaz de impedir el fuego que lat\u00eda en su coraz\u00f3n: explicar el universo. En eso, y aunque lo haya hecho con expresiones de genialidad, su actitud no era diferente a la de otros colegas suyos, en su especialidad y en muchas otras especialidades. En \u00abHacia el Infinito\u00bb (2015), un libro que debi\u00f3 ser dificil\u00edsimo de escribir, Jane Hawking, su primera esposa, abord\u00f3 su vida con el cient\u00edfico brit\u00e1nico sorteando las tentaciones de la conmiseraci\u00f3n y la descalificaci\u00f3n. En medio de una autobiograf\u00eda por momentos muy penosa, ella logra transmitir cuestiones sustantivas sobre su compa\u00f1ero y sus pares de estudio, en particular aquellas relativas a su vocaci\u00f3n cient\u00edfica: \u201cSe dec\u00eda que eran los aventureros intelectuales de nuestra generaci\u00f3n, consagrados en cuerpo y alma al rechazo cr\u00edtico de todo lugar com\u00fan, a la burla de los comentarios manidos o t\u00f3picos, a la afirmaci\u00f3n de la propia independencia de criterio y a la exploraci\u00f3n de los confines de la mente\u2026 Por supuesto, eran muy distintos de mis amigos, y yo, una joven de dieciocho a\u00f1os, lista pero corriente, me sent\u00eda intimidada. Ninguno de ellos pasar\u00eda jam\u00e1s una tarde bailando danzas folcl\u00f3ricas\u201d. Se ha advertido con alguna frecuencia acerca de esta entrega intelectual sin contemplaciones, tan com\u00fan entre los hombres de ciencia. C\u00f3mo no, se han hecho las comparaciones con otras vocaciones del pasado: los ascetas, los que se retiran del mundo para correr tras enigmas indescifrables, los que renuncian a la vida cotidiana para comprender la voluntad divina, los peregrinos, los mendicantes, los \u00edcaros de todas las \u00e9pocas, los pensadores vagabundos, los n\u00f3mades insobornables, los m\u00fasicos, poetas y pintores de todas las layas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sorpresa tras sorpresa nos asaltan cuando se avanza un poco m\u00e1s en desentra\u00f1ar estas personalidades que no saben negociar con la realidad, ni est\u00e1n disponibles para ceder siquiera un mil\u00edmetro de sus territorios a salvo de cualquier invasi\u00f3n externa. \u00bfQu\u00e9 decir de las l\u00edneas con las que Hawking, acompa\u00f1ado de Leonard Mlodinov, inicia el primer cap\u00edtulo de su libro \u00abEl Gran Dise\u00f1o\u00bb (2010)? Ese cap\u00edtulo de entrada tiene el amenazante t\u00edtulo de \u00abEl misterio del ser\u00bb. En el segundo p\u00e1rrafo, sin la menor ambig\u00fcedad y sin aviso previo, sostienen que la filosof\u00eda ha muerto, b\u00e1sicamente porque, en un caso cl\u00e1sico de asilamiento, no ha estado al&nbsp;tanto de los desarrollos actuales de la ciencia; lo cual se aplica, en particular, para los avances de la f\u00edsica. Dicen: \u201cLos cient\u00edficos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra b\u00fasqueda del conocimiento\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo as\u00ed hab\u00eda sido dicho en d\u00e9cadas pasadas. Pero no de un modo tan desafiante. Los fil\u00f3sofos profesionales har\u00edan bien si, adem\u00e1s de saludar como todos al genio encerrado en una silla met\u00e1lica y ayudado por ingenios tecnol\u00f3gicos generados por el conocimiento cient\u00edfico, se dan el tiempo para responder a semejante cuestionamiento. Eso ser\u00eda el modo decente de honrarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\"><br><strong>[Publicado originalmente en la revista\u00a0<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"http:\/\/www.lapanera.cl\" target=\"_blank\">La Panera<\/a>]<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desp\u00faes de Albert Einstein (1879-1955), el f\u00edsico alem\u00e1n de origen jud\u00edo, s\u00f3lo&nbsp;Stephen Hawking&nbsp;(1942-2018) logr\u00f3 ir m\u00e1s all\u00e1 de los gruesos ventanales que separan los \u00e1mbitos acad\u00e9micos y los pasillos de la ciencia, hasta alcanzar la imaginaci\u00f3n colectiva. 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