{"id":196,"date":"2019-11-01T00:25:11","date_gmt":"2019-11-01T00:25:11","guid":{"rendered":"https:\/\/edisonotero.cl\/?p=196"},"modified":"2020-05-25T03:05:23","modified_gmt":"2020-05-25T03:05:23","slug":"cifras-cantidades-estadisticas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/edisonotero.cl\/?p=196","title":{"rendered":"Cifras, cantidades, estad\u00edsticas\u2026"},"content":{"rendered":"\n<p>Peso, distancia, medida, velocidad, volumen, altura, espesor, tiempo, edad, rendimiento: las cantidades est\u00e1n por todas partes. Y aunque son de tal presencia e importancia en la vida cotidiana, existe toda una extendida cultura de distanciamiento respecto de ellas. Por una parte, como esp\u00edritu de sospecha respecto de todo lo que es cuantitativo y, por la otra, como rechazo de las matem\u00e1ticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unos a\u00f1os, Seymour Papert \u2013el mismo que invent\u00f3 un lenguaje computacional para que los ni\u00f1os aprendieran matem\u00e1ticas jugando y comprendiendo\u2013 denunci\u00f3 la existencia de la matematofobia y la consider\u00f3 un rasgo de nuestros sistemas educacionales. Esta fobia a las matematicas es la m\u00e1s aguda manifestaci\u00f3n de una grieta en nuestros modos de pensar, una fisura que separa lo cient\u00edfico-tecnol\u00f3gico de lo human\u00edstico. El f\u00edsico brit\u00e1nico C.P. Snow lleg\u00f3 a hablar de las dos culturas, ambas desconoci\u00e9ndose entre s\u00ed y generando distancias que, en \u00faltimo an\u00e1lisis, carecen de sentido. Esto ha estado, y sigue estando retratado, en nuestra famosa divisi\u00f3n escolar entre los cursos humanistas y los cursos cient\u00edficos. En su versi\u00f3n m\u00e1s da\u00f1ina, una cultura ignora a la otra y, eventualmente, la desprecia. Se supone que los cient\u00edficos no tienen sensibilidad art\u00edstica, literaria o filos\u00f3fica, y los humanistas no tienen dedos para tocar el piano de las matem\u00e1ticas, la f\u00edsica o la qu\u00edmica. As\u00ed, puedo ser culto habiendo le\u00eddo a Shakespeare, Esquilo o Marcel Proust y, al mismo tiempo, ignorar lo que hicieron Maxwell, Poincar\u00e9 o Max Perutz; puedo ser culto recitando a Jorque Manrique, leyendo a Neruda o escuchando a Bach y no tener ni idea de lo que significa \u2018relatividad\u2019 o el segundo principio de la termodin\u00e1mica.<\/p>\n\n\n\n<p>Y viceversa, por supuesto. Pero, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda jactarse de esta cojera? Sin embargo, hay muchos jactanciosos a uno y otro lado de la brecha, y muchas ideas educativas viviendo de este distanciamiento. En verdad, desconocer a John Milton o a Plat\u00f3n es tan limitante como ignorar lo que afirman la tect\u00f3nica de placas, la teor\u00eda del c\u00f3digo gen\u00e9tico o el Big Bang. Otra expresi\u00f3n de esta cojera eran los combates entre los cuantitivistas y los cualitativistas respecto de la metodolog\u00eda en las ciencias sociales (\u2018cuanti\u2019 y \u2018cuali\u2019, en jerga acad\u00e9mica); resulta rid\u00edculo el conjunto de argumentos que invita a excluir, y a ver disyuntivas insalvables donde no las hay. Los \u2018cuali\u2019 deploran lo cuantitativo (salvo cuando cobran) y experimentan desprecio por lo emp\u00edrico y lo estad\u00edstico. En verdad, igual que entre humanistas y cient\u00edficos, no se est\u00e1 obligado a elegir entre una cosa y otra, ni a convertir una de ellas en cuesti\u00f3n absoluta y excluyente. No puedo sino recordar las clases de mis profesores de l\u00f3gica y de filosof\u00eda antigua: ninguno de ellos habr\u00eda considerado siquiera la idea de tener que optar inevitablemente entre lo general y lo particular, entre el g\u00e9nero sumo y la especie \u00ednfima, entre la extensi\u00f3n y la comprensi\u00f3n. M\u00e1s bien, nos ense\u00f1aban que, irremediablemente, cada vez que avanzamos en comprensi\u00f3n, retrocedemos en extensi\u00f3n; y&nbsp; viceversa, cuando avanzamos en extensi\u00f3n, retrocedemos en comprensi\u00f3n y especificaci\u00f3n. Se trataba, pues, de combinar ambos movimientos, en un ir y venir del pensamiento, integrando las diferentes perspectivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin esta disposici\u00f3n combinatoria, los excesos tocan a la puerta. Viene a mi memoria, por ejemplo, un famoso argumento enarbolado con frecuencia por la \u00e9poca del p\u00e1nico moral respecto de los supuestos efectos&nbsp;globales de la televisi\u00f3n. Un ni\u00f1o, vestido como Superm\u00e1n y eventualmente estimulado por la teleserie hom\u00f3nima, crey\u00f3 poder volar y se lanz\u00f3 por la ventana del edificio en que viv\u00eda en una ciudad estadounidense; asunto tr\u00e1gico, por cierto, lo cual desat\u00f3 una escandalera de proporciones que centraba las culpas en la televisi\u00f3n. Ciertamente, nadie hizo las preguntas de rigor: \u00bfcu\u00e1ntos ni\u00f1os estaban viendo ese mismo programa, ese mismo d\u00eda? \u00bfy cu\u00e1ntos de ellos se lanzaron de los edificios en que viv\u00edan? La respuesta es que hab\u00eda cientos de miles de ni\u00f1os sintonizando la misma serie, pero no se produjeron otros eventos tr\u00e1gicos. Y as\u00ed, sin m\u00e1s pensar, un caso se convierte en norma y permite hacer afirmaciones universales. Sin duda, el \u00fanico caso es de lamentar y ninguna estad\u00edstica habr\u00eda podido consolar a los padres del ni\u00f1o aludido. Sin embargo, no hay c\u00f3mo fundamentar un juicio acerca de un medio de comunicaci\u00f3n \u2013o cualquier otro tema\u2013 sobre la base de un caso aislado. Hasta el sentido com\u00fan recoge esta sensata advertencia: una golondrina no hace verano.<\/p>\n\n\n\n<p>Por cierto, tenemos que estar advertidos con el defecto contrario, el de las grandes estad\u00edsticas. Los grandes equilibrios macro-econ\u00f3micos no transitan autom\u00e1ticamente a las vidas de los ciudadanos particulares, las que pueden llegar a ser muchos casos de desastre microecon\u00f3mico. De all\u00ed la iron\u00eda de esa famosa definici\u00f3n de estad\u00edstica, seg\u00fan la cual se trata de una disciplina que establece que si mi vecino tiene dos autos y yo no tengo ninguno, ambos tenemos uno (en promedio, se entiende). Seguramente, nadie quiere ser el promedio de nada en tales condiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Observando el cruel destino de los ciudadanos individuales en los reg\u00edmenes totalitarios, el escritor h\u00fangaro Arthur Koestler tom\u00f3 conciencia del dilema entre lo universal y lo particular, entre el sistema social y el sujeto particular. As\u00ed, su novela inspirada en los fusilamientos decretados por Stalin en la d\u00e9cada de los 30 \u2013en el siglo pasado\u2013 se llam\u00f3 en espa\u00f1ol \u00abEl Cero y El Infinito\u00bb. En el original ingl\u00e9s, tuvo un no menos estremecedor t\u00edtulo: \u00abOscuridad a Mediod\u00eda\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\"><br><strong>[Publicado originalmente en la revista\u00a0<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"http:\/\/www.lapanera.cl\" target=\"_blank\">La Panera<\/a>]<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Peso, distancia, medida, velocidad, volumen, altura, espesor, tiempo, edad, rendimiento: las cantidades est\u00e1n por todas partes. Y aunque son de tal presencia e importancia en la vida cotidiana, existe toda una extendida cultura de distanciamiento respecto de ellas. 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